Cada 5 de noviembre, el cielo de numerosas ciudades británicas se ilumina con hogueras y fuegos artificiales. Más de cuatro siglos después, el Reino Unido continúa recordando una de las conspiraciones más audaces de la historia europea: un plan para volar el Parlamento de Westminster con el rey Jacobo I, la familia real, los ministros, los nobles y buena parte de la clase política inglesa en su interior.
La historia ha convertido a Guy Fawkes en el rostro de aquella conspiración. Sin embargo, Fawkes no fue su principal instigador. El verdadero cerebro del complot fue Robert Catesby, un católico inglés convencido de que ya no quedaba ninguna posibilidad de reconciliación pacífica con la monarquía protestante.
El plan era extraordinario por su ambición: almacenar pólvora directamente debajo de la Cámara de los Lores, esperar a la solemne apertura del Parlamento del 5 de noviembre de 1605 y provocar una explosión capaz de descabezar, de un solo golpe, el Estado inglés. Los registros parlamentarios de la época hablan de treinta y seis barriles de pólvora encontrados bajo la Cámara de los Lores.
Pero más de cuatrocientos años después permanece una pregunta inquietante.
¿Fue la Conspiración de la Pólvora simplemente un complot católico descubierto en el último momento o las autoridades inglesas sabían mucho más de lo que reconocieron públicamente?
Inglaterra, un reino dividido por la religión
Para comprender la Conspiración de la Pólvora hay que regresar a la profunda fractura religiosa provocada por la Reforma inglesa.
Desde que Enrique VIII rompiera con Roma en el siglo XVI, Inglaterra había vivido décadas de enfrentamientos entre protestantes y católicos. La religión era mucho más que una cuestión espiritual: determinaba la legitimidad de los monarcas, las alianzas internacionales y el acceso a los cargos públicos.
Durante el reinado de Isabel I, los católicos ingleses quedaron sometidos a fuertes restricciones. Existía además un temor político permanente a que potencias católicas europeas, especialmente España, pudieran apoyar una rebelión interna.
Cuando Isabel murió en 1603 sin descendencia, Jacobo VI de Escocia heredó el trono inglés como Jacobo I.
Muchos católicos esperaban que el nuevo monarca adoptara una política más tolerante. Aquellas esperanzas terminaron desvaneciéndose.
En ese clima de frustración apareció Robert Catesby.
Robert Catesby, el verdadero cerebro del Gunpowder Plot
La cultura popular ha convertido a Guy Fawkes en protagonista de la historia, pero la conspiración nació alrededor de Robert Catesby.
Catesby pertenecía a una familia católica inglesa y ya había participado en movimientos contra el régimen de Isabel I. En 1604 comenzó a desarrollar una solución extrema: destruir el centro político de Inglaterra durante la apertura del Parlamento.
Según la documentación conservada por el Parlamento británico, el núcleo inicial estuvo formado por cinco hombres:
Robert Catesby, Thomas Wintour, Thomas Percy, John Wright y Guy Fawkes.
Posteriormente se incorporaron más colaboradores hasta alcanzar un grupo de trece conspiradores conocidos.
La idea era tan simple como devastadora.
La ceremonia de apertura del Parlamento concentraría en un mismo espacio al rey, a los principales miembros de la familia real, a los lores, a los comunes y a gran parte de la élite política del reino.
Una explosión suficientemente grande podía eliminar en segundos buena parte de la estructura de poder inglesa.
Pero aquello era solamente la primera fase.
El plan después de destruir el Parlamento
Los conspiradores no pretendían limitarse a matar al rey.
Después de la explosión planeaban desencadenar un levantamiento en las Midlands, una región en la que existían importantes familias católicas.
Uno de sus objetivos era apoderarse de la princesa Isabel, hija de Jacobo I, que entonces tenía nueve años y no debía encontrarse en el Parlamento durante la ceremonia.
La princesa podría ser utilizada posteriormente como figura simbólica de un nuevo régimen favorable al catolicismo.
Sin embargo, esta segunda parte del plan estaba considerablemente menos desarrollada que el atentado contra Westminster. Incluso las fuentes parlamentarias británicas reconocen que lo que ocurriría después de la explosión nunca llegó a estar completamente resuelto.
Los conspiradores sabían cómo destruir el Gobierno.
No tenían tan claro cómo gobernar Inglaterra al día siguiente.
¿Quién era realmente Guy Fawkes?
Guy Fawkes nació en York en 1570.
Aunque originalmente fue educado dentro del protestantismo, terminó convirtiéndose al catolicismo y abandonó Inglaterra para combatir en los Países Bajos.
Allí adquirió experiencia militar luchando en las fuerzas españolas contra las Provincias Unidas protestantes.
Esta experiencia resultaría fundamental.
Fawkes conocía el manejo de explosivos y poseía algo igualmente importante para los conspiradores: había permanecido durante años fuera de Inglaterra y era mucho menos conocido por las autoridades de Londres que otros miembros del grupo.
También utilizaba el nombre italiano Guido Fawkes y, durante la conspiración, empleó el alias de John Johnson.
Su papel era esencialmente técnico.
Fawkes sería el hombre encargado de vigilar la pólvora y prender la carga cuando llegara el momento.
Por eso fue él quien terminó encontrado bajo el Parlamento.
Treinta y seis barriles bajo la Cámara de los Lores
Los conspiradores consiguieron acceder a una dependencia situada directamente debajo de la Cámara de los Lores.
Durante mucho tiempo se popularizó la historia de que habían excavado un túnel secreto bajo el Parlamento. Existen referencias históricas a un intento de excavación, pero finalmente resultó innecesario cuando pudieron disponer de un sótano o undercroft situado bajo la propia Cámara de los Lores.
Allí almacenaron progresivamente una enorme cantidad de pólvora.
Los documentos parlamentarios contemporáneos registraron treinta y seis barriles.
Para ocultarlos colocaron encima madera, carbón y otros materiales.
El Parlamento debía reunirse inicialmente antes, pero diferentes aplazamientos retrasaron la ceremonia de apertura hasta el 5 de noviembre de 1605.
Todo parecía preparado.
Entonces apareció una carta.
La misteriosa carta de Lord Monteagle
Este es probablemente el episodio más intrigante de toda la Conspiración de la Pólvora.
El 26 de octubre de 1605, William Parker, cuarto barón de Monteagle, recibió una carta anónima.
El desconocido remitente le recomendaba que buscara alguna excusa para no asistir a la apertura del Parlamento.
La advertencia incluía una frase particularmente inquietante: el Parlamento recibiría un terrible golpe sin poder ver quién lo causaba.
Monteagle no destruyó la carta.
La entregó a las autoridades.
El documento todavía existe y actualmente se conserva en The National Archives del Reino Unido con la referencia SP 14/216.
Y aquí comienza uno de los grandes misterios de la historia británica.
¿Quién escribió la carta de Monteagle?
Nunca se ha demostrado quién escribió aquella advertencia.
Uno de los principales sospechosos ha sido Francis Tresham, uno de los conspiradores y, además, cuñado de Lord Monteagle.
La hipótesis resulta lógica: Tresham podía querer evitar la muerte de familiares y conocidos católicos que acudirían al Parlamento.
Pero nunca fue demostrada.
Las propias fuentes del Parlamento británico reconocen que la identidad del autor continúa siendo desconocida y mencionan también la posibilidad, defendida por algunos investigadores, de que la carta estuviera relacionada de algún modo con miembros del Gobierno.
Y precisamente ahí aparece la teoría más polémica.
Robert Cecil y la teoría del contracomplot
Robert Cecil, conde de Salisbury, era uno de los hombres más poderosos de Inglaterra y el principal ministro de Jacobo I.
También disponía de una eficaz red de inteligencia.
Por ello algunos historiadores y autores han planteado durante siglos una posibilidad mucho más oscura: que el Gobierno hubiera conocido anticipadamente la existencia de la conspiración y hubiera permitido que esta avanzara para capturar a sus responsables en el momento políticamente más conveniente.
En la versión más extrema de esta teoría, determinados agentes gubernamentales incluso podrían haber facilitado o manipulado algunos acontecimientos con objeto de convertir la conspiración en una poderosa herramienta de propaganda anticatólica.
No existe una prueba documental definitiva que permita afirmar que Cecil organizara la Conspiración de la Pólvora.
Pero tampoco es una sospecha nacida únicamente de la literatura conspirativa moderna.
El propio Parlamento británico señala que algunos historiadores han considerado la posibilidad de que hubiera agentes provocadores interesados en desacreditar a los jesuitas y reforzar la posición protestante. También reconoce las dudas que rodean la autenticidad y el origen de la carta enviada a Monteagle.
La cuestión, por tanto, sigue abierta a la interpretación histórica.
Una cosa está demostrada: la conspiración existió.
Otra muy distinta es determinar exactamente cuándo comenzaron las autoridades a conocerla.
La noche del 4 de noviembre de 1605
Los conspiradores llegaron a saber que Monteagle había recibido una advertencia.
Sospecharon inmediatamente de Francis Tresham.
A pesar del enorme riesgo, decidieron continuar con el plan.
Durante el 4 de noviembre se realizaron inspecciones en las instalaciones del Parlamento.
Finalmente, Sir Thomas Knyvett recibió la orden de efectuar un registro más exhaustivo.
Durante la noche encontraron a un hombre en las dependencias situadas bajo la Cámara de los Lores.
Dijo llamarse John Johnson.
Era Guy Fawkes.
Tras registrar el lugar aparecieron los barriles de pólvora ocultos entre la madera. Fawkes llevaba consigo los elementos necesarios para iniciar la detonación.
La Conspiración de la Pólvora había terminado.
Y comenzaba la cacería.
La tortura de Guy Fawkes
Fawkes fue trasladado a la Torre de Londres.
Al principio se mostró desafiante y evitó proporcionar información útil sobre sus compañeros.
Jacobo I autorizó que durante su interrogatorio se emplearan progresivamente métodos más severos.
Las autoridades terminaron obteniendo confesiones e información sobre los demás conspiradores.
La documentación conservada permite seguir incluso el deterioro físico de Fawkes durante los interrogatorios. Su célebre firma después de la tortura aparece extraordinariamente debilitada en comparación con muestras anteriores.
Mientras tanto, Robert Catesby y varios conspiradores habían huido hacia las Midlands intentando organizar la rebelión prevista.
Nunca llegó a producirse.
La última resistencia de Robert Catesby
Los fugitivos terminaron refugiándose en Holbeche House, en Staffordshire.
Allí fueron rodeados por las fuerzas gubernamentales.
Robert Catesby murió durante el enfrentamiento, al igual que otros conspiradores.
Otros fueron capturados.
Francis Tresham, uno de los principales sospechosos de haber escrito la carta que había desencadenado el descubrimiento, murió mientras permanecía encarcelado en la Torre de Londres.
Los supervivientes fueron llevados a juicio.
El juicio y las ejecuciones
Los conspiradores fueron acusados de alta traición.
El proceso se celebró en enero de 1606.
Ocho supervivientes, incluido Guy Fawkes, fueron declarados culpables y condenados al castigo tradicional reservado a determinados traidores: ser ahorcados, destripados y descuartizados.
Era una ejecución deliberadamente terrible, concebida no solamente como castigo, sino también como advertencia pública.
Guy Fawkes debía ser ejecutado el 31 de enero de 1606.
Sin embargo, consiguió evitar buena parte del tormento.
Cuando se encontraba en el cadalso saltó o cayó desde la escalera con la cuerda alrededor del cuello y murió al romperse el cuello.
Su cuerpo fue posteriormente descuartizado.
Robert Catesby tampoco escapó al escarmiento simbólico: aunque había muerto durante el enfrentamiento con las fuerzas del rey, su cadáver fue exhumado y decapitado.
El Estado quería que no quedara ninguna duda sobre el destino reservado a quienes intentaran destruir la monarquía.
Las consecuencias para los católicos ingleses
La Conspiración de la Pólvora produjo exactamente el efecto contrario al que habían buscado sus autores.
En lugar de favorecer una restauración católica, reforzó la posición política de Jacobo I y aumentó todavía más la desconfianza hacia los católicos ingleses.
Nuevas medidas legales endurecieron sus restricciones y dificultaron su participación plena en la vida política y religiosa del reino.
El atentado fallido proporcionó además al Gobierno un argumento extremadamente poderoso.
A partir de entonces podía presentar la amenaza católica no como una posibilidad abstracta, sino como un peligro que había estado a pocas horas de destruir físicamente al rey y al Parlamento.
¿Habría destruido realmente la pólvora el Parlamento?
Esta cuestión también ha provocado numerosos debates.
Treinta y seis barriles constituían una cantidad extraordinaria de pólvora.
Aunque parte del material podía haberse deteriorado debido a las condiciones de almacenamiento, una detonación importante directamente debajo de la Cámara de los Lores habría provocado consecuencias devastadoras.
El objetivo no era realizar un atentado simbólico.
Los conspiradores querían destruir físicamente la Cámara mientras se encontraba ocupada por el rey y las élites políticas del país.
La propia documentación contemporánea demuestra que las autoridades consideraron que la amenaza había sido completamente real.
¿Por qué Guy Fawkes se hizo más famoso que Robert Catesby?
Esta es una de las grandes ironías de la historia.
Robert Catesby ideó y dirigió la conspiración.
Guy Fawkes fue principalmente el especialista encargado de los explosivos.
Pero fue Fawkes quien quedó atrapado literalmente junto a la pólvora.
Su captura ofrecía una imagen perfecta para construir el relato posterior: un hombre oculto bajo el Parlamento durante la noche, rodeado de barriles y preparado para prender una mecha capaz de cambiar la historia de Inglaterra.
Con el paso de las generaciones, su nombre terminó eclipsando al de Catesby.
Guy Fawkes se convirtió en símbolo.
Bonfire Night: por qué se celebra el 5 de noviembre
Tras el fracaso del complot comenzó la tradición de conmemorar la supervivencia del rey.
Con el tiempo surgió lo que actualmente conocemos como Guy Fawkes Night, Bonfire Night o Fireworks Night.
Cada 5 de noviembre se encienden hogueras y se lanzan fuegos artificiales en distintas partes del Reino Unido.
Durante siglos también fue habitual fabricar figuras de Guy Fawkes —los llamados «guys»— para quemarlas sobre las hogueras.
Aquello que comenzó como una celebración política y religiosa terminó transformándose progresivamente en una tradición popular.
Más de cuatrocientos años después, el nombre de Guy Fawkes continúa unido inseparablemente al 5 de noviembre.
La máscara de Guy Fawkes y su transformación en símbolo moderno
La historia dio un giro inesperado siglos después.
La representación estilizada del rostro de Guy Fawkes adquirió una nueva vida gracias al cómic «V de Vendetta», creado por Alan Moore y David Lloyd, y posteriormente a su adaptación cinematográfica.
La máscara terminó siendo adoptada por movimientos de protesta y colectivos de activismo digital.
Paradójicamente, un conspirador católico del siglo XVII que pretendía sustituir un régimen político por otro terminó convertido, en la cultura contemporánea, en símbolo genérico de rebelión contra el poder.
El personaje histórico y el símbolo moderno apenas tienen ya relación entre sí.
Pero esa transformación demuestra la extraordinaria supervivencia cultural del Gunpowder Plot.
Gunpowder, la serie protagonizada por Kit Harington
La Conspiración de la Pólvora regresó a la televisión en 2017 con «Gunpowder», miniserie británica de tres episodios producida para BBC One.
Kit Harington, conocido internacionalmente por interpretar a Jon Snow en «Juego de Tronos», encarna precisamente a Robert Catesby.
La elección resulta especialmente curiosa porque Harington desciende familiarmente de Catesby.
La serie muestra la persecución religiosa de los católicos ingleses, la formación del grupo conspirador y la progresiva radicalización que terminará conduciendo al intento de destrucción del Parlamento.
También destaca por representar de manera especialmente cruda los métodos de tortura y ejecución utilizados en la Inglaterra del siglo XVII.
Pero, sobre todo, tiene una virtud histórica importante: devuelve a Robert Catesby al centro de una historia que la cultura popular terminó atribuyendo casi exclusivamente a Guy Fawkes.
¿Fue la Conspiración de la Pólvora una operación manipulada?
No existe evidencia suficiente para afirmar que la conspiración fuera inventada por el Gobierno.
Los conspiradores existieron.
La pólvora existió.
Guy Fawkes fue descubierto en Westminster.
Las confesiones, interrogatorios, documentos gubernamentales y registros parlamentarios proporcionan abundante evidencia de que un grupo encabezado por Robert Catesby pretendía destruir el Parlamento.
Pero eso no significa que todos los detalles estén resueltos.
Continúan existiendo preguntas.
¿Quién escribió realmente la carta de Monteagle?
¿Cuánto sabía Robert Cecil antes de que la carta llegara oficialmente a manos del Gobierno?
¿Habían infiltrado los servicios de inteligencia el entorno de los conspiradores?
¿Por qué se permitió que el complot avanzara hasta prácticamente la víspera de la apertura parlamentaria?
¿Fue la carta una advertencia espontánea de uno de los conspiradores o formaba parte de una operación más compleja?
Después de más de cuatro siglos, ninguna respuesta definitiva ha cerrado completamente estas cuestiones.
Y quizá nunca podamos hacerlo.
El 5 de noviembre que pudo cambiar Inglaterra
En algún momento de la noche del 4 al 5 de noviembre de 1605, Guy Fawkes esperaba bajo Westminster rodeado de pólvora.
Sobre su cabeza se preparaba uno de los acontecimientos políticos más importantes del calendario inglés.
Al día siguiente, el rey Jacobo I debía entrar en el Parlamento acompañado por los grandes hombres del reino.
Si el mecanismo hubiera funcionado según lo previsto, la historia británica podría haber cambiado en cuestión de segundos.
Pero la explosión nunca llegó.
Guy Fawkes fue arrestado.
Robert Catesby murió perseguido por las tropas del rey.
Los supervivientes fueron ejecutados.
La comunidad católica sufrió nuevas restricciones.
Y la monarquía consiguió transformar un atentado frustrado en uno de los relatos políticos más duraderos de la historia inglesa.
Cuatro siglos después seguimos recordando aquella noche.
No solamente porque treinta y seis barriles de pólvora estuvieron ocultos bajo el Parlamento, sino porque todavía ignoramos completamente quién sabía qué, cuándo lo supo y quién escribió la carta que condenó a los conspiradores.
Ese es el verdadero misterio del 5 de noviembre.
Una conspiración histórica perfectamente documentada cuyo último secreto continúa sin resolverse.
