Batalla de Ibosim; Cartago vence a Roma

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La Batalla de Ibosim; El 2 de agosto de 216 a.C., en las explanadas de la localidad italiana de Cannas, tuvo lugar una de las más descomunales batallas de la historia, en la que 46.000 cartagineses derrotaron a 86.000 romanos gracias a la habilidad del general Aníbal y su estrategia en forma de tenaza para encerrar al enemigo. Ayer, esa proeza fue rememorada en Santa Gertrudis con unos ejércitos mucho más modestos y menos belicosos, a los que movía sobre todo el ánimo por estudiar el pasado y comprender la genialidad de uno de los cartagineses más astutos de la historia.

La isla de Ibiza (Ebysus), en el Mediterráneo, fue colonizada por los cartagineses desde 654 a. C., año en que fundaron Ibosim (“ciudad del dios Bes“, actual ciudad de Ibiza) como factoría naval y fortaleza estratégica.

Los arqueólogos han ido descubriendo en la isla diversas necrópolis de la época de los cartagineses. En ellas se han encontrado grandes cantidades de objetos funerarios si bien se trata, por lo general, de objetos pertenecientes a ajuares algo pobres, con pocos objetos preciosos y pocas joyas de oro. Todo lo contrario de lo que ocurre con los enterramientos cartagineses de Cádiz. En Ibiza por lo común abundan las figuras de barro cocido con collares de cuentas de vidrio, hueso y marfil y raramente algún pendiente de oro. Los historiadores y arqueólogos suponen que los cartagineses allí enterrados eran sólo capataces y servidores de las factorías que tenían establecidas en estas tierras, mientras que los empresarios y grandes comerciantes eran enterrados en Cartago (en la costa septentrional de África). En estas necrópolis se han hallado imágenes de divinidades y retratos funerarios que se depositaban en las tumbas para que el espíritu del muerto se incorporase en ellas.

Dichas necrópolis se hallan por lo general situadas en llanos reducidos, de terreno calcáreo, junto a las playas. Los sepulcros fueron excavados en la roca y algunos han llegado hasta nuestros días sin haber sido profanados, aunque la mayoría sí lo fueron, incluso con desorden y esparcimiento de tumbas, lo cual ha supuesto siempre un gran problema para la investigación de los arqueólogos.

Cartaginesas en Ibiza

Los protagonistas del enfrentamiento fueron los alumnos del colegio público de Santa Gertrudis, que se dividieron en dos grupos, uno representaba a los romanos y otro a las tropas de Aníbal. Ataviados con trajes de cartulina, escudos y espadas, así como caballos de cartón, los contendientes se situaron en los extremos opuestos de la plaza de la iglesia –las lluvias de la noche impidieron usar el campo de fútbol, totalmente embarrado– luciendo sus estandartes respectivos. Entre los cartagineses se delataba la conocida variedad de procedencias de sus tropas: ligures, celtíberos, libios o númidas, además de honderos baleares, unidos todos bajo el mando de Aníbal. Los romanos, más uniformes, mostraban los pendones de sus respectivas legiones.

En un rincón de la plaza, la Asociación Iboshim de recreación histórica había colocado escudos, lanzas, cascos y otros enseres militares que recreaban a los reales y que eran custodiados por varios soldados ataviados con cotas de malla y pieles, como solían llevar los cartagineses y también los romanos. Entre ellos figuraba el propio Aníbal, con un ojo vendado. «Lo perdí en la anterior batalla de Trasimeno, pero aquí estoy, dispuesto de nuevo al combate», explicaba a este periódico el general púnico, que guardaba un asombroso parecido con el arqueólogo Benjamí Costa. Añadió que los soldados cartagineses no tenían un uniforme concreto, y a veces «solían vestir a la romana», usando los cascos o cotas de malla que recogían del campo de batalla.

Uno de los organizadores, provisto de un micrófono, iba explicando al numeroso público presente cómo se desarrolló la batalla de Cannas mientras los dos ejércitos infantiles recreaban los movimientos sobre la plaza.
Obviamente, el pueblo de Ibosim, descendiente de la cultura cartaginesa, apoyó con lealtad a sus tropas, aunque las romanas también recibieron el merecido aplauso del público. Finalmente, los organizadores proclamaron de forma clara que «hoy las guerras han de ser contra el hambre, contra la pobreza y contra la ignorancia».

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