La Lanza de Longinus, La Lanza del Destino

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LLAMAMOS ASÍ A LA LANZA CON LA QUE, SEGÚN LA LEYENDA, EL SOLDADO ROMANO LONGINOS ATRAVESÓ EL COSTADO DE CRISTO PARA CERCIORARSE DE QUE HABÍA MUERTO. EN EL SIGLO VI, UN PEREGRINO DE PIACENZA (ITALIA) AFIRMÓ HABERLA VISTO EN LA BASÍLICA DEL MONTE SIÓN, EN JERUSALÉN. CUANDO LOS PERSAS TOMARON LA CIUDAD EN 615,PARTE DE LA PUNTA FUE LLEVADA A CONSTANTINOPLA Y DE ALLÍ A LA CORTE PAPAL, EN ROMA, DONDE SUPUESTAMENTE AÚN SE GUARDA EN LA BASÍLICA DE SAN PEDRO. ESO SÍ, COMO SUELE OCURRIR CON LAS RELIQUIAS, LA DEL VATICANO NO ES LA ÚNICA LANZA QUE SE CONOCE. ECHMIADZIN, EN ARMENIA, Y VIENA ATESORAN SUS PROPIAS VERSIONES.

LA LEYENDA

Pero al llegar a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua. Juan (19:33-34)

Según el Evangelio de Juan (19:33-34) y no aparece en ninguno de los evangelios sinópticos. En el evangelio se indica que los romanos planearon romper las piernas de Jesús, una práctica conocida como crurifragium, que era un método doloroso de acelerar la muerte durante la crucifixión de los condenados a este tipo de castigo. Momentos antes de que los soldados romanos así lo hicieran, vieron que él ya había muerto y por eso pensaron que no había ninguna razón para romperle las piernas. Para cerciorarse de que estaba muerto, un soldado le clava su lanza en un costado. El fenómeno de la sangre y el agua era considerado como un milagro de acuerdo con Orígenes (aunque el agua se puede explicar biológicamente por la perforación del saco pericárdico). Sin embargo, para los católicos tiene un significado más profundo: representa la Iglesia (específicamente los sacramentos del bautismo y la eucaristía) que fluyen del costado de Cristo, así como Eva surgió del costado de Adán.

El nombre del soldado que atraviesa el costado de Cristo no es mencionado en la Biblia, pero en las referencias más antiguas que se tienen de la leyenda, el evangelio apócrifo de Nicodemo, de fecha desconocida, alrededor del siglo IV, también llamado Hechos de Pilatos, el soldado es identificado como un centurión llamado «Longinos» («Longinus» en latín) en el que además se menciona a los ladrones crucificados junto a Jesús: Gestas y Dimas.

LONGINOS TAMBIÉN APARECE EN UNA MINIATURA EN LOS EVANGELIOS ILUSTRADOS POR RÁBULA EN 586 D. C. (ACTUALMENTE EN LA BIBLIOTECA LAURENCIANA, EN FLORENCIA). EN LA ILUSTRACIÓN, EL NOMBRE LONGINOS ESTÁ ESCRITO EN GRIEGO SOBRE LA CABEZA DEL SOLDADO QUE PERFORA EL COSTADO DE CRISTO. ÉSTA ES UNA DE LAS PRIMERAS REFERENCIAS DEL NOMBRE, SI ES QUE NO ES UNA INSCRIPCIÓN HECHA POSTERIORMENTE. LA TRADICIÓN CRISTIANA, REFIRIÉNDOSE A LA NOVELA LA LANZA DE LOUIS DE WHOL (1955), LE IDENTIFICA COMO CAYO CASIO LONGINOS (“GAIUS CASSIUS LONGINUS”, EN LATÍN), CON LO QUE QUIEN ATRAVESARA A JESÚS CON UNA LANZA SE LLAMARÍA IGUAL A UNO DE LOS PRINCIPALES ASESINOS DE JULIO CÉSAR, Y CON ESTO NO SE HACE MÁS QUE DEBILITAR LA TEORÍA DE QUE EL SOLDADO QUE ATRAVESASE A JESÚS SE LLAMARA ASÍ.

 

EL MITO

Una mención de la lanza también se hace en el Breviario de la Iglesia del Santo Sepulcro. La presencia en Jerusalén de esta importante reliquia es atestiguada por Casiodoro (485–585), así como en Los viajes de Gregorio (538–594), quien nunca estuvo en Jerusalén.

LA LANZA VATICANA

En 615, Jerusalén y sus reliquias fueron capturadas por las fuerzas persas del rey Cosroes II. Según el Chronicon Paschale, la punta de la lanza, que se había quebrado, fue dada en el mismo año a Nicetas, que la llevó a Constantinopla y la depositó en la iglesia de Santa Sofía. Esta punta de lanza, que fue fijada en un o ícono, en 1244 fue vendida por Balduino II de Constantinopla a Luis IX de Francia y guardada con la corona de espinas en la Sainte Chapelle de París. Durante la revolución francesa, estas reliquias fueron llevadas a la Bibliothèque Nationale y posteriormente desaparecieron (la actual «corona de espinas» es una guirnalda). En cuanto a la porción más grande de la lanza, Arculpus la vio en la iglesia del Santo Sepulcro alrededor de 670 en Jerusalén; sin embargo, no hay otra mención de ella tras el saqueo de 615. Algunos dicen que la porción más grande de la reliquia se llevó a Constantinopla en algún momento durante el siglo VIII, posiblemente al mismo tiempo que la corona de espinas. En algún momento, su presencia en Constantinopla parece ser claramente atestiguada por varios peregrinos, particularmente de origen ruso. Y aunque posteriormente fue depositada en varias iglesias, parece ser posible rastrearla a diferencia de la reliquia de la punta. Sir Juan Mandeville declaró en 1357 que había visto la cuchilla de la lanza Sagrada en París y también en Constantinopla, y que la reliquia de esta última ciudad era mucho más grande que la de París. Cualquiera que haya sido la reliquia de Constantinopla, cayó en las manos de los turcos, y en 1492, bajo circunstancias minuciosamente descritas en la Historia de los Papas (escrita por Pastor), el sultán Bayaceto envió la reliquia a Inocente VIII para forzar al Papa a que continuase guardando preso a su hermano Zizim (Cem). En este punto hubo en Roma grandes dudas de su autenticidad, según relata Johann Burchard, por la presencia de otras lanzas rivales en París (la punta que había sido separada), Núremberg (la lanza de Viena) y Armenia (la lanza de Etschmiadzin). [cita requerida] A mediados de 1700, el Papa Benedicto XIV dijo que había obtenido un dibujo exacto de la punta de la lanza de París y que, comparándola con la reliquia en la [basílica de San Pedro]], estaba satisfecho de que las dos formaran una sola cuchilla. La reliquia nunca ha salido de Roma (donde se encuentra preservada bajo el domo de la basílica de San Pedro), aunque la Iglesia Católica Romana no ha hecho declaraciones sobre su autenticidad.

LA LANZA DE ECHMIADZIN

La lanza que se encuentra en Echmiadzin, Armenia, fue descubierta durante la Primera Cruzada. En 1098, el Cruzado Pedro Bartolomé dijo tener una visión en la que San Andrés le decía que la Lanza Sagrada estaba enterrada bajo la catedral de San Pedro en Antioquía. Tras mucho excavar en la catedral, la lanza fue descubierta. Esto se consideró un milagro por parte de los cruzados quienes fueron capaces de derrotar al ejército musulmán que repelía el asedio a la ciudad y capturaron decisivamente Antioquía. [cita requerida] Tiempo después de expulsar al ejército musulmán hubo sospechas de que la lanza de Pedro no era la lanza de Cristo. Para desmentir esto, Pedro caminó en fuego portando la lanza; al entrar en el fuego Pedro murió. Los emperadores del Sacro Imperio Romano tenían su propia Lanza, atestiguada desde el tiempo de Otón I (912–973). En el año 1000 Otón III le dio a Boleslao I el Bravo una réplica de la Lanza en el Congreso de Gniezno. En 1084, Enrique IV le agregó una banda de plata con la inscripción «Clavus Domini» («El clavo del Señor»). Esto se basaba en la creencia de que esta era la lanza de Constantino el Grande que encerraba como reliquia un clavo usado para la crucifixión. En 1273 se utilizó por primera vez en la ceremonia de coronación. Alrededor de 1350, Carlos IV mandó ponerle una banda de oro sobre la de plata con una inscripción que dice «Lancea et Clavus Domini» («La lanza y el clavo del Señor»). En 1424, el emperador Segismundo del Sacro Imperio Romano tenía una colección de reliquias, incluida La Lanza, que trajo de su capital en Praga a su natal Núremberg y decretó que ahí se guardara por siempre. A esta colección se le conoce como Reichskleinodien o Regalía Imperial. Cuando el ejército revolucionario francés se aproximó a Núremberg en la primavera de 1796, los consejeros de la ciudad decidieron mover el Reichskleinodien a Viena, Austria, para mantenerlo seguro. La colección fue confiada al entonces barón Von Hügel, quien prometió devolver todos los objetos en cuanto la paz fuere restaurada y la seguridad de la colección estuviera asegurada. Sin embargo, el Sacro Imperio Romano fue disuelto en 1806 y von Hügel aprovechó la confusión sobre quién era el legítimo dueño y vendió la colección entera, incluyendo la lanza, a los Habsburgo. Cuando los consejeros de la ciudad descubrieron la venta solicitaron que les fuera devuelto el Reichskleinodien pero fueron rechazados. Como parte de la Regalía Imperial, la lanza fue almacenada en el Schatzkammer (Tesorería Imperial) en Viena y se le conoció como “la lanza de San Mauricio”.

LA LANZA DE VIENA (LANZA HOFBURG)

Durante la Anschluss, cuando Austria se anexó a Alemania en 1938, Adolf Hitler tomó la lanza. Ferviente admirador de Enrique I el Pajarero, el Führer hizo una copia y guardó la original en la Catedral de Santa Catalina de Núremberg, la misma en la que había permanecido durante el I Reich, llegando a utilizar la reliquia en varios mítines entre 1938 y 1939. En 1940 se trasladó a una cámara acorazada para protegerla de la guerra, y más tarde se le construyó una cámara especial a 150 metros bajo tierra.1 El 20 de abril de 1945 el general Alexander Patch, del Séptimo Ejército estadounidense, encontró la lanza y la llevó a Estados Unidos.2 El 7 de enero de 1946 el general George S. Patton la devolvía a Austria, donde fue alojada temporalmente en el Museo Kunsthistorisches y finalmente devuelta al Schatzkammer.En 2003 el metalúrgico inglés y escritor de Ingeniería Técnica, el Dr. Robert Feather, obtuvo permisos extraordinarios no solo para examinar la lanza en un ambiente de laboratorio, sino también para quitar cuidadosamente las bandas de oro y plata que la mantienen unida. En la opinión del Dr. Feather y de otros expertos, la creación aproximada de la cuchilla de la Lanza es del siglo VII, un poco anterior a lo que el Schatzkammer estimaba. Se encuentra expuesta en el Schatzkammer (Tesoro Imperial), que es una de las colecciones del Palacio Imperial de Hofburg, considerada como parte del Museo de Historia del Arte de Viena (Kunsthistorisches Museum). El bestseller de 1973 de Trevor Ravenscroft La lanza del destino ha fijado hoy en día en las mentes de muchos su versión de la Leyenda. Él declara que Adolf Hitler comenzó la segunda Guerra Mundial para capturar la lanza, presumiendo que el interés de Hitler en la reliquia, originada probablemente con su interés en la ópera “Parsifal” de 1882 —por el compositor preferido de Hitler, Richard Wagner— que refiere a un grupo de caballeros y su protección del santo Grial, así como la recuperación de la lanza. Aunque un número de dudas de los historiadores en la obsesión de Hitler con la lanza, tal y como fue divulgada por Trevor Ravenscroft y otros, el trabajo reciente del investigador y del autor Alec MacLellan tiene material descubierto de la fuente original de Ravenscroft que parece validar algunas de las afirmaciones más extrañas. [cita requerida] Ravenscroft mantuvo que la lanza entró en territorios estadounidenses el 30 de abril de 1945; específicamente, bajo el control del tercer ejército conducido por el general George S. Patton.

LA LANZA DEL DESTINO DE RAVENSCROFT

Más adelante, se cumple la leyenda de que la pérdida de la Lanza significaba la muerte, al suicidarse Hitler. Patton se fascinó por el arma antigua e hizo verificar su autenticidad, mas no pudo utilizar la lanza, pues tenía órdenes del general Dwight Eisenhower de que la regalía completa de Habsburgo incluyendo la lanza de Longinos debía ser devuelta al palacio de Hofburg. Es interesante observar que George Patton, en su poema «A través de un cristal oscuro», curiosamente se postula como Longinos en el transcurso de alguna vida anterior.Ravenscroft procuró en varias ocasiones definir las “energías misteriosas” que la leyenda dice que provee la lanza. Él encontró que la poseía algún espíritu hostil y malvado, a los que él refirió como el Anticristo. Smith y Piccard encuentran semejanzas al identificar lo que perciben también como un espíritu malo que llega a través de la lanza. En una mezcla de física cuántica, de cristianismo y de ideas de la nueva Era, de que la lanza trae al “Dios enojado del Antiguo Testamento”, al que transfiere de alguna manera una parte de la Crucifixión a la lanza, con la lanza convirtiéndose en un Doppelgänger (algo parecido a un “gemelo malvado”) para el Espíritu Santo, convirtiéndose, como lo ponen, en un espíritu impuro. Según algunos autores (Navarro, Fernando.pero la puede Diccionario Biográfico de Nazismo y III Reich, 2010), “las fantásticas teorías de Ravenscroft (cuya falsedad fue demostrada por el periodista de investigación Eric Wynants), fueron aún más exageradas por autores todavía más “creativos” que Ravenscroft, tales como Alec MacLellan o Howard A. Buechner”. A pesar de su manifiesta ahistoricidad, esta novela fantástica de Ravenscroft ha sido citada de obra en obra, generando una enorme confusión entre los lectores.

 

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