1204, El Segundo Asalto Cruzado a Constantinopla; una historia de la Cuarta Cruzada

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Alejo IV Ángelo

En la noche del 27 al 28 de enero de 1204, Alejo IV fue destronado por el dirigente del partido anti-occidental, Alejo Murzufluo. Isaac II murió poco después, de muerte natural o quizá envenenado, y Alejo IV fue estrangulado el 8 de febrero. Murzufluo fue proclamado emperador con el nombre de Alejo V.  Alejo IV Ángelo (1182–1204), emperador bizantino junto con su padre Isaac II Ángelo desde julio de 1203 a enero de 1204.

Alejo IV era hijo del emperador Isaac II Ángelo y sobrino de Alejo III Ángelo.

Las Cruzadas

El término «cruzado» no empezó a usarse ampliamente hasta el siglo XV, pues anteriormente se consideraba éstos como peregrinos armados.

Los cruzados eran militares cristianos, principalmente de Europa Occidental que participaron en alguna de las cruzadas en la Edad Media. El nombre deriva de la costumbre de coser o pintar una cruz en sus ropas (de ahí la expresión «tomar la cruz», que indicaba aquellas personas que partían para participar en las cruzadas).

La Cuarta

Tras la tregua firmada en la Tercera Cruzada y la muerte de Saladino en 1193, se sucedieron algunos años de relativa paz, en los que los Estados francos del litoral se convirtieron en poco más que colonias comerciales italianas. En 1199, el papa Inocencio III decidió convocar una nueva cruzada para aliviar la situación de los Estados cruzados. Esta Cuarta Cruzada no debería incluir reyes e ir dirigida contra Egipto, considerado el punto más débil de los estados musulmanes. Al no ser ya posible la ruta terrestre, los cruzados debían tomar la ruta marítima, por lo que se concentraron en Venecia. El dux Enrico Dandolo se coaligó con el jefe de la expedición Bonifacio de Montferrato y con un usurpador bizantino, Alejo IV Ángelo para cambiar el destino de la cruzada y dirigirla contra Constantinopla, al estar los tres interesados en la deposición del basileus del momento, Alejo III Ángelo.

Inicialmente, los cruzados fueron empleados para luchar contra los húngaros en Zadar, por lo que fueron excomulgados por el papa. Desde allí se dirigieron hacia Bizancio, donde consiguieron instalar a Alejo IV como basileus en 1203. Sin embargo, el nuevo basileus no pudo cumplir las promesas hechas a los cruzados, lo que originó toda clase de disturbios. Fue depuesto por los propios bizantinos, que coronaron a Alejo V Ducas. Esto provocó la intervención definitiva de los cruzados, que conquistaron la ciudad el 12 de abril de 1204. A la mañana siguiente, fueron informados de que disponían de tres días para dedicarse al saqueo y ejercieron su prerrogativa de forma nunca conocida hasta entonces. El saqueo de la ciudad fue terrible. Se desvalijaron y destruyeron mansiones, palacios, iglesias, bibliotecas y la propia basílica de Santa Sofía. Se ultrajó y asesinó a hombres, niños y mujeres hasta tal punto que el historiador Nicetas consideró que los sarracenos habrían sido más indulgentes. Europa occidental recibió un aluvión de obras de arte y reliquias sin precedentes, producto de este saqueo. Con ello llegaba a su fin el Imperio Bizantino, que se desmembró en una serie de Estados, algunos latinos y otros griegos. De estos, el llamado Imperio de Nicea conseguiría restaurar una sombra del Imperio Bizantino en 1261.

Los cruzados establecieron el llamado Imperio latino, organizado feudalmente y con una autoridad muy débil sobre la mayoría de los territorios que supuestamente controlaba (y nula sobre los Estados griegos de Nicea, Trebisonda y Epiro). La Cuarta Cruzada asestó un doble golpe a los Estados francos de Palestina. Por un lado, les privó de refuerzos militares. Por otro, al crear un polo de atracción en Constantinopla para los caballeros latinos, produjo la emigración de muchos que estaban en Tierra Santa hacia el Imperio Latino, abandonando los Estados francos.

El Sitio de Constantinopla

Desde la coronación de Alejo IV como emperador de Bizancio no había parado de crecer la tensión entre cruzados y bizantinos. A esto ayudó el que los súbditos bizantinos consideraran al monarca y a su padre como marionetas de los cruzados. No ayudó tampoco el intento por parte de Alejo IV y de Isaac II de forzar el cisma entre la Iglesia ortodoxa y la romana. Por parte cruzada estaba el pago no efectuado de las cantidades acordadas con el emperador para que le colocasen en el trono.

El 1 de enero de 1204 se produjo un primer ataque de los bizantinos contra la flota cruzada, mediante barcos incendiados sin tripulación, que pudo ser repelido. Días después, tras una operación de represalia por parte de las tropas cruzadas, el noble griego Alejo Ducas, apodado Murzuflo (El cejijunto) derrocó a Isaac II y a Alejo IV y se proclamó emperador con el nombre de Alejo V. Poco después ambos morían en prisión. Los cruzados perdieron toda esperanza de cobrar lo prometido y planearon una segunda conquista de la ciudad a principios de 1204.

Asaltando la Ciudad

El asalto por tierra y mar se programó para la segunda semana de abril. Los peones francos atacaron con escalas y arietes el palacio de Blaquernas, mientras los venecianos trataban de ocupar las torres de la muralla marítima desde sus navíos fondeados en el Cuerno de Oro. Los muros marítimos habían sido elevados por lo que los puentes levadizos tuvieron que ser colgados desde más arriba de los mástiles. Los barcos venecianos estaban listos para actuar como torres móviles de asalto, cubiertas con maderos, enredaderas y pieles como protección.

El ataque general tuvo lugar el 9 de abril. Los barcos de poco calado vararon en la playa mientras los hombres tenían que vadear cargados con escalas y demás equipo. También se envió un mercante con puentes colgantes contra cada torre pero la ausencia de viento hizo que solo cinco mercantes llegaran a las torres y ninguno pudo fijar su puente levadizo.7 El asalto terrestre no fue mejor y los bizantinos lograron repeler el asalto con lluvias de piedras y aceite hirviendo lo que desmoralizó a los occidentales, además de causarles muchas bajas. Para levantar la moral, los clérigos católicos tildaban a los cristianos ortodoxos de herejes y prometían grandes recompensas espirituales a quienes combatieran con ardor.

El Segundo intento

Fortalecidos por la fe y las esperanzas de botín, los cruzados volvieron a atacar el día 12 de abril. Esta vez 40 mercantes fueron unidos por parejas y enviados contra cada torre. Esta maniobra consiguió dar más estabilidad a las naves y dotar a los asaltos de una fuerza doble.

La lucha empezó igualada hasta mediodía en que una fuerte ráfaga de viento empujo contra la muralla a las naves de los obispos de Soissons y Troyes. Dos hombres murieron al intentar cruzar el puente pero el tercero logró alcanzar la torre y ocuparla. Tras él pasaron otros con lo que la posición se afianzó. En la zona de Blaquernas, un clérigo francés, hermano del cronista Roberto de Clari, entró en la ciudad por una brecha del muro seguido por un destacamento. Su acción sembró el pánico entre los bizantinos. Sin embargo aquel día no se consiguió tomar la ciudad.

Sin atreverse a combatir, Alejo V huyó en un barco de pesca. Los romanos proclamaron otro emperador pero viendo la situación el nuevo soberano también se dio a la fuga.

La capitulación

Viendo imposible resistir, una delegación del clero de Santa Sofía se dirigió al campamento occidental para presentar la rendición, confiados en poder evitar el saqueo. Pero no evitaron que los cruzados entrasen en la ciudad y la saquearan como si fuera una ciudad musulmana.

Mientras los principales caudillos ocupaban los palacios imperiales, el ejército se abalanzó sobre el resto de la ciudad durante casi una semana. No se respetó ni Santa Sofía, ni los tesoros más venerados por los bizantinos como la corona de espinas de Cristo y el icono de la Virgen Nicopea que fueron robados y se encuentran hoy en Saint-Chapelle de París y San Marcos de Venecia respectivamente. Los peores desmanes los sufrió la población civil, los cruzados violaron a miles de mujeres de toda edad matando a los familiares que intentaban defenderlas. Según el historiador bizantino Nicetas Choniates, algunos occidentales intentaron defender a los indefensos pero fueron la excepción. Los que no pudieron huir tuvieron que resignarse a perder sus fortunas. Pocas semanas después se nombró emperador al Conde Balduino de Flandes (Balduino I de Constantinopla). Con su reinado comienza la historia del Imperio Latino de Constantinopla, un estado de corte feudal en el que la población ortodoxa sufría una fuerte discriminación. La duración del Imperio Latino sería breve ya que los herederos de los cruzados fueron expulsados en 1261.

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