Tartessos; El Reino Olvidado y la Primera Civilización de Occidente

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En tiempos del rey Salomón monarca de Israel, que vivió hacia 970-931 a.C. El libro bíblico de los Reyes hace referencia a las naves que el soberano enviaba junto con Hiram I de Tiro a Tarsis, identificada con Tartessos por muchos autores, y que volvían cargadas de metales preciosos y productos exóticos. El emporio fenicio de Tiro tendió una amplia red comercial sobre el Mediterráneo occidental, y fueron precisamente navegantes tirios quienes fundaron Gadir (Cádiz), considerada la primera ciudad de Occidente.

La Cultura de Tartessos

Sobre el origen de la cultura tartesia se ha escrito mucho, a pesar de lo cual nada es seguro todavía. Entre las corrientes principales estarían la indigenista y la colonialista:

  • Según las investigaciones más recientes, esta cultura se formó a partir de la evolución de las poblaciones locales herederas del Bronce del suroeste peninsular, evolución que llegó a su clímax cuando comenzaron a relacionarse con las factorías fenicias del litoral.
  • Según otros, la cultura tartesia sería el resultado exclusivo de la aculturación de los indígenas por parte de los fenicios. Esta teoría se apoya en las cronologías de colonización y en los restos arqueológicos, como cerámicas de retícula bruñida, de barniz rojo y las representaciones religiosas, que claramente hacen referencias a dioses orientales, como Astarté, Baal o Melkart.

Sobre el origen de los propios tartesios, y en el marco de las teorías difusionistas tan en boga hasta los años 70 del siglo XX, se ha llegado a decir que llegaron a la península con los Pueblos del Mar, o incluso que pudieron ser pueblos indoeuropeos precursores de la cultura celta o gentes procedentes de las estepas al norte del Cáucaso, que se asentaron sobre el sustrato prehistórico. O que podrían haber traído con ellos el neolítico, la agricultura y la ganadería, desde el Oriente Próximo y originado la cultura argárica y la de los campos de urnas.

Existen una serie de lápidas sepulcrales halladas en el Algarve, Alemtejo y bajo Guadalquivir que contienen inscripciones en un idioma desconocido pero que parece ser que es de tipo semisilábico y se escribe de derecha a izquierda. En ellas se ha querido ver una representación del idioma tartésico, del que parece que derivó la lengua hablada por los turdetanos, de los que dice Estrabón que tenían escritos y leyes con más de 6000 años de antigüedad.

Sobre su religión hay muy pocos datos, pero se supone que, al igual que el resto de los pueblos del Mediterráneo, era también una religión politeísta. Se cree que pudieron adorar a una diosa producto de la aculturación de los fenicios, Astarté o Potnia. Pudo haber una divinidad fenicia masculina, Baal o Melkart. Se han encontrado santuarios de estilo fenicio en el yacimiento de Castulo (Linares, Jaén). Se han hallado exvotos en diversos puntos de Andalucía y en otros puntos más alejados, como Salamanca, que no se sabe exactamente de dónde provienen. En el aspecto religioso, la aculturación fenicia fue diferencial, no influyendo en todos los sitios por igual.

Un nombre para Tartessos

El núcleo original de la cultura tartesia comprende aproximadamente el territorio de las actuales provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz. Dos áreas especialmente importantes fueron los centros mineros de los ríos Tinto y Odiel y la llanura agropecuaria del Guadalquivir. Estas eran las zonas más intensamente pobladas y desde ellas la influencia tartesia se extendería durante el Bronce final y la Primera edad del hierro por buena parte del resto de Andalucía y Extremadura, así como el Algarve y el Alentejo Portugueses.

Algunos asentamientos importantes de la costa fueron Asta Regia, Nabrissa, Onoba y Ossonoba, mientras que en el interior se destacan Carmona, Carambolo, Sevilla, Tejada la Vieja, Setefilla y Cancho Roano (Badajoz).

En una última fase (siglo VI AC), se produjo una emigración hacia el norte por motivos desconocidos que pobló el valle del Guadiana e incluso el Valle de Alcudia, tal como demuestran los yacimientos tartésicos de Cancho Roano, El Turuñuelo o Sisapo.

Tartessos fue el nombre por el que los griegos conocían a la que creyeron primera civilización de Occidente. Posible heredera del Bronce final atlántico, se desarrolló en el triángulo formado por las actuales provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz, en la costa suroeste de la península ibérica, así como en la de Badajoz durante el Bronce tardío y la primera Edad del Hierro. Se presume que tuvo por eje el río Tartessos, que pudo ser el que los romanos llamaron luego Betis (antes Oleum flumen = río de aceite) y los árabes Guadalquivir. Sin embargo, hay autores que la sitúan en la confluencia de las bocas del Odiel con el Tinto (ría de Huelva), puesto que bajo la propia ciudad onubense es sabido que se hallan sepultados importantes restos. Influyó sobre las tierras del interior y el Algarve portugués. No faltan propuestas de una posible ubicación en las bocas del Guadiana o incluso en el Mar Menor, en el delta del Ebro o en el Tajo. Los tartesios desarrollaron presumiblemente una lengua y escritura distinta a la de los pueblos vecinos y, en su fase final, tuvieron influencias culturales de egipcios y fenicios.

La primera fuente histórica que alude a Tartessos es la Historia de Heródoto, del siglo V a. C., que habla del rey Argantonio (significa Hombre de plata y se dice que gobernó cien años) y su incontable riqueza, sabiduría y generosidad. Una más tardía data del siglo IV d. C., del escritor romano Rufo Festo Avieno, que escribió una obra titulada Ora maritima, poema en el que se describen las costas mediterráneas. Según el poeta utilizó fuentes antiquísimas de autor desconocido, una de las cuales estaría fechada hacia el siglo IV a. C. De ella Avieno dijo que era un «periplo», es decir, un viaje de navegación costera realizado por un marino griego o cartaginés, en el que partiendo de las costas de Britannia o de Cornualles (Inglaterra) llegó hasta Massalia (actual Marsella). Como resultado de aquel viaje se narran los lugares visitados por el desconocido marino, que proporciona las noticias más antiguas sobre la península ibérica.

Sus Reyes mitológicos

  • Gerión: Primer rey mitológico de Tartessos. De acuerdo a ciertos mitos era un gigante tricéfalo, o al menos con tres cuerpos de cintura para arriba, que pastoreaba sus grandes manadas de bueyes a las orillas del Guadalquivir. El mito dice que una de las doce pruebas de Heracles era el robo de los bueyes de Gerión. También dice la leyenda que Gerión era un gigante que fue vencido por Heracles y sobre el que construyó la Torre de Hércules, en La Coruña.
  • Nórax: Nieto de Gerión e hijo de Eritea, conquistó el sur de Cerdeña, donde fundó la ciudad de Nora.
  • Gárgoris: Primer rey de la segunda dinastía mitológica tartésica, rey de los curetes. Inventó la apicultura y el comercio.
  • Habis (Habidis): Hijo bastardo de Gárgoris no reconocido, fruto del incesto con su hija. Escapó varias veces de la muerte ordenada por su padre con la ayuda de las bestias. Fue amamantado por una cierva hasta hacerse un hombre y ser después reconocido por su padre. Descubrió la agricultura, atando dos bueyes a un arado. Formuló las primeras leyes, dividió la sociedad en siete clases y prohibió el trabajo a los nobles. Bajo su reinado se establece un sistema social en que unos pocos viven a costa del trabajo y la miseria de una mayoría pobre. Cuentan que dividió el reino en siete ciudades.

Sobre estos dos últimos monarcas se escribió la Tragicomedia de Gárgoris y Habis, que menciona un sistema social basado en la explotación del hombre por el hombre, nacido tras el descubrimiento de la agricultura. Se trata de personajes mitológicos, cuya existencia real es tan dudosa como la de Heracles.

Argantonio es el único rey del que se tienen referencias históricas. Según Heródoto vivió 120 años, de los cuales reinó 80. Schulten calculó que pudo reinar entre el 630 a. C. y el 550 a. C. Propició el comercio con los foceos durante 40 años para así romper el monopolio que ostentaban los fenicios. Llegó a ofrecerles a aquellos que emigraran a Occidente cuando los persas presionaban sobre las ciudades griegas de Jonia. Aunque rechazaron la oferta, recibieron de Argantonio un cargamento de plata para reforzar sus murallas. Después de él desaparecen las citas a Tartessos.

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