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La llegada de los Visigodos a Hispania

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Los visigodos fueron una rama de los pueblos godos, que a su vez pertenecen a los pueblos germánicos orientales, llamados pueblos bárbaros. Surgieron de grupos góticos anteriores (posiblemente de los tervingios)​ que habían invadido el imperio romano a partir de 376 y derrotado a los romanos en la batalla de Adrianópolis en el año 378.

La llegada de los visigodos a la península ibérica es un acontecimiento que tuvo lugar en el siglo V y que marcó un antes y un después en la historia de España y Portugal. Los visigodos eran un pueblo germánico que había migrado desde el este de Europa hasta la península ibérica en busca de nuevas tierras para asentarse. Con el tiempo, estos guerreros se convirtieron en una fuerza a tener en cuenta y lograron conquistar todo el territorio de la península ibérica.

Los visigodos no dominaron por completo la península ibérica hasta finales del siglo vii. Los alanos, un pueblo de origen iranio, los vándalos y los suevos ocupaban grandes territorios en Hispania. Los dos primeros, con preeminencia de los vándalos, se trasladaron a África, donde crearon un estado poderoso con centro en Cartago.

En cuanto a los Suevos, el primer pueblo germánico en crear un reino cristiano de Europa Occidental en 411 que resistió hasta el 585, a partir de un Foedus o tratado de paz estable con los romanos, creando el su propio reino en Gallaecia, con 174 años de duración,[cita requerida] y al igual que el Reino Godo en continuo conflicto de sucesiones reales(electas), con la población hispanorromana, terratenientes armados y la Iglesia Occidental («Católica»), pues ellos profesaban la Arriana. Su capital era Bracara Augusta, la actual Braga, y abarcaba la provincia romana de Gallaecia,y media Lusitania, haciendo incursiones por las provincias de Bética (Emerita, Hispalis) y Tarraconensis (Soria, hasta el 585 al intervenir en las luchas por el trono de los Visigodos (Leovigildo/Hermenegildo), siendo Hispalis (Sevilla) el teatro de operaciones. El Rey Suevo Miro apoya a Hermenegildo (583) que termina jurando fidelidad a Leovigildo, y tras tomar Sevilla y a los sublevados, ataca la Gallaecia en 585 apoderándose del Tesoro Real. En el tramo pirenaico los vascones, presentaron una tenaz resistencia al dominio visigodo y parece que también lo hicieron los cántabros y los astures, aunque las fuentes al respecto son escasas. En la región de la provincia Cartaginense se mantuvo una precaria administración romana bajo soberanía visigoda, hasta que en el siglo vi fue reconquistada por el Imperio y se convirtió en la provincia de Spania, la cual después de un siglo cayó nuevamente en poder de los visigodos.

El reino de los visigodos estuvo aquejado por frecuentes disputas sucesorias, las cuales posibilitaron su derrota por los invasores musulmanes del norte de África (711). Su último rey fue Rodrigo y si bien se mantuvieron núcleos de resistencia en Septimania y en Asturias, el pueblo visigodo desapareció como tal, mezclado con los hispano-romanos y sustituido por el califato omeya.

El camino hacia la conquista no fue fácil para los visigodos. Al principio, se enfrentaron a una serie de dificultades, incluyendo conflictos internos y guerras contra otros pueblos germánicos. Sin embargo, con el tiempo, los visigodos lograron unificarse y consolidar su poder en la península ibérica. A partir de ahí, comenzaron a expandirse y a conquistar nuevos territorios.

Una de las principales armas de los visigodos en su camino hacia la conquista fue su habilidad en la guerra. Eran guerreros valientes y astutos, y su táctica de guerra consistía en una combinación de ataques sorpresa y asedios prolongados. Además, también contaban con una estructura militar bien organizada y disciplinada, lo que les permitía actuar de manera efectiva en el campo de batalla.

Otro factor clave en la conquista de los visigodos fue su habilidad para adaptarse y convivir con las culturas locales. Aunque eran un pueblo germánico, los visigodos eran tolerantes con las religiones y costumbres de las poblaciones locales, y esto les permitió ganarse el respeto y la lealtad de muchas de estas comunidades. De esta manera, los visigodos lograron establecer una amplia red de alianzas y acuerdos que les permitieron consolidar su poder en la península ibérica.

La llegada de los visigodos a la península ibérica y su posterior conquista del territorio tuvo un impacto duradero en la historia de España y Portugal. Durante su reinado, los visigodos establecieron una monarquía fuerte y centralizada, y también impulsaron el desarrollo de importantes obras públicas y culturales. Además, su reinado marcó el comienzo de un período de convivencia entre los pueblos germánicos y los pueblos ibéricos, y esto tuvo un impacto significativo en la cultura y la sociedad de la península ibérica.

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