Reino Asturleonés

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El Reino Asturleonés se enmarcaba en el noroeste de la península ibérica, en su máxima extensión abarcaba el norte de Portugal, las actuales comunidades autónomas de Galicia, Principado de Asturias, Cantabria las provincias de León, Zamora y gran parte de la provincia de Salamanca Castilla la vieja, la actual provincia de Cáceres, la de Badajoz y el norte de Huelva.

El Reino Asturleonés fue un reino medieval independiente situado en la región noroeste de la península Ibérica. Fue fundado en el año 910 cuando los príncipes cristianos del reino de Asturias, en la costa norte de la península, trasladaron su capital desde Oviedo a la ciudad de León. Tuvo un papel protagonista en la Reconquista y en la formación de los sucesivos reinos cristianos del occidente peninsular. El condado de Portugal se separó para convertirse en el independiente reino de Portugal en 1139 y el este, parte interior de León, se unió al reino de Castilla en 1230.

Desde 1296 a 1301, el reino Asturleonés volvió a ser independiente y después de la re-unión con Castilla permaneció como parte de la Corona de Castilla hasta 1833. En el Real Decreto del 30 de noviembre de 1833, el reino de León fue considerado una de las regiones españolas —región de León—, dividida en las provincias de León, Zamora y Salamanca. En 1981, esas tres provincias se incluyeron junto con las seis provincias de la región histórica de Castilla la Vieja para crear la comunidad autónoma de Castilla y León. Sin embargo, importantes partes del antiguo reino integran hoy esas tres provincias y las comunidades autónomas de Extremadura, Galicia y Asturias.

El Reino Asturleonés

Los primeros años de existencia del territorio cristiano aparecen envueltos en la oscuridad, debido a la parquedad de las fuentes que apenas descubren alguno de los interrogantes que surgen de los primeros años del Reino de Asturias y su lucha por la supervivencia. Tras la conquista de la península por los ejércitos ismaelitas en el 711, aparecen focos de resistencia localizados en la zona cantábrica y en la figura de Don Pelayo. Pelayo, refugiado en el monte de Auseba, acaudillará los hostigamientos a las tropas árabes que supondrán el comienzo de la resistencia cristiana. Pero realmente será Alfonso I de Asturias (737-757), yerno de Pelayo, quien en un intento de organizar los territorios, funde la monarquía como tal, extendiendo el Reino hasta la Cordillera Cantábrica. En tiempos de Alfonso II (791-842) se instala la capital en Oviedo, y es en esta época cuando se descubre el Santo Sepulcro. Ordoño I, en el año 856, repuebla y reconstrye las murallas de ciudad de León y Astorga. Alfonso III el Magno (866-910) será quien traslade la frontera hasta el Duero, repoblando Zamora, siendo el suyo, uno de los grandes reinados de la dinastía astur.

La ciudad de León se convertiría en un punto estratégico en el reino debido a su historia, su potente fortifiación romana, así como un centro neurálgico del territorio astur, cuya capital se había encontrado veinte kilómetros al sur, en la ciudad de Lancia.

Tras la muerte de Alfonso III el Magno, el reino de Asturias se divide y queda repartido entre sus hijos:

Al morir García I en 914 sin descendientes, Ordoño II se trasladó a León donde fue aclamado rey, lo que supone que Galicia y León compartan el mismo monarca, y el que trasladaría definitivamente la capital del reino de Asturias desde Oviedo a León. Con lo que se creará un nuevo reino, el de León, que aglutinará al asturiano, ya que Fruela II permaneció en Asturias, pero reconociendo la primacía del reino leonés.

En el marco de las luchas entre Alfonso IV y su hermano Sancho Ordóñez, el reino de Galicia y el de León dejan de compartir rey, ya que Sancho se refugia en Galicia huyendo de su hermano en 926, coronándose como rey de Galicia y manteniendo el reino independiente hasta su muerte en el año 929. A su muerte, el gobierno de ambos reinos recae en la persona de Alfonso IV.

Uno de esos levantamientos conduciría a la coronación en Galicia de Bermudo II de León (982). El nuevo rey derrotaría a Ramiro III de León y acabaría unificando de nuevo ambos territorios.

Con la formación del nuevo reino continuará la reconquista contra los musulmanes e incluso la lucha contra otros reinos cristianos como el de Navarra.

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