Los Espartarios y los orígenes del ejército visigodo

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Desde los primeros tiempos la cabeza del ejército visigodo era el propio monarca al cual asistían los comes exercitus y el dux exercitus; los Espartarios.

Los Espartarios, eran nobles que formaban una unidad permanente que era mandada por el duque de espartatarios y de entre ellos se escogía a los fideles regis que conformaban la guardia personal del rey y que llegarían a tener una fuerte influencia política a lo largo de la existencia del reino de Toledo. En lo referente a la caballería siguieron siendo minoritarios por el alto coste de mantenimiento de los animales y por tanto se relacionaría siempre con la nobleza teniendo un altísimo valor simbólico y a los nobles que servían a caballo el rey les premiaba con tierras pero no se las otorgaba en propiedad. La caballería podía ser usada para dispersar al enemigo o para flanquearlo. Había dos tipos de caballería, la ligera equpida con jabalina, lanza, spatha, sax o scramasax y un arco; la pesada utilizaría casi el mismo equipamiento que la usada durante el periodo romano al estilo de los catafractos y tenían como principal arma el Kontos, una lanza de gran longitud. Ambas usarían arneses y loriga de malla de hierro.

Los ejércitos de guarnición de las ciudades tenían una mayor importancia que las huestes y eran mandados por el comes civitatis siendo estos comes comandados por un dux provinciae, los cuales adquirieron este rango de especial relevancia militar desde el reinado de Leovigildo, pero que recibieran tanta importancia llevaría a que se propagaran los alzamientos provinciales por parte de estas guarniciones que muchas veces formaban parte de la comitiva del dux.

Los visigodos , en sus migraciones alrededor de Europa recibieron importantes influencias de los pueblos germánicos, destacando especialmente las influencias en el terreno militar. Las primeras fuentes romanas que nos hablan de los visigodos nos dicen que lucharían en formación de falange, es decir, formando una larga línea recta en el frente de batalla, agrupados en clanes y tribus, intentando evitar que unas unidades destacaran por encima de otras para evitar rencillas y posibles deslealtades en el fragor de la batalla. Esto no evitaba que se pudieran formar unidades más pequeñas con cometidos explícitos tales como flanquear al enemigo. En estos primeros momentos el ejército visigodo no se reuniría sino esporádicamente cuando se produjese la unión de las diferentes tribus y familias, siendo en este caso el ejército la unión de estos clanes familiares.

Los métodos utilizados en las acciones bélicas eran muy precarios y de escasa o nula estrategia, realizando ataques en emboscada y en los casos en que tenían que realizar una acción defensiva, la única táctica que realizaban era la de cobijarse tras los carros de suministros formados en círculo, Thompson ha llegado a señalar que no serían capaces de tomar plazas fuertes debido a esta falta de organización.

En cuanto al armamento utilizado durante este periodo inicial, los visigodos utilizarían al igual que muchos pueblos germánicos un armamento simple pero también efectivo: lanza de acometida de unos dos metros de longitud con punta y contera de hierro, espada larga tipo celta de hierro, escudo plano con forma ovalada o rectangular de madera con umbo metálico en el centro, algunas fuentes dicen que emplearían, al igual que los francos, hachas arrojadizas (conocidas como “franciscas”) y como protección, yelmo y cota de malla de hierro, aunque estas protecciones personales no estarían muy extendidas tanto por influencia cultural al no ser muy apreciadas en la cultura germánica como por su elevado precio ya que el coste de una cota de malla en época de Bajo Imperio Romano podía llegar a ser prohibitivo incluso para las propias legiones romanas.

Tras el paso del Danubio, la situación del ejército visigodo pasó a un estado de gran precariedad debido a que se les obligó a entregar las armas, por eso tras algunos enfrentamientos con tropas romanas, una de sus primeras actuaciones era hacerse con las armas del enemigo, sin embargo poco a poco se fueron rehaciendo y volvieron a ser un ejército plenamente armado. Tradicionalmente se ha mantenido que fue la caballería goda la que otorgó la victoria a los godos, no por que fuese superior en número a la infantería, pudiéndola calificar ya como caballería pesada, tanto por el armamento ofensivo, como por el defensivo, por las protecciones de hombre y bestias. Sin embargo siguiendo las fuentes, esta batalla, narrada por Amiano Marcelino, no supuso el paso al primer plano de la caballería, la victoria goda no se debió al papel de la caballería, siendo su participación puramente convencional, fue la infantería goda la que derrotó a la infantería romana, en gran parte por la superioridad numérica.

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