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La Coronación del emperador Carlos

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Con el fallecimiento de Maximiliano I, archiduque de Austria y abuelo de Carlos I, este vio la posibilidad de ser nombrado su sucesor como gran Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, un cargo político que no se heredaba, sino que se designaba por una comisión formada por siete electores (nobles y clero) a los cuales les parecía muy oportuno recibir enormes cantidades de dinero para comprar sus votos. Para conseguir el nombramiento, Carlos I se endeudó fuertemente frente a banqueros y grandes fortunas alemanas, lo cual fue, en cierto modo, una de las causas de la Guerra de las Comunidades, debido a la necesidad de subir los impuestos a los castellanos para poder pagar dichas deudas.

 

Carlos, coronado en Aquisgrán en 1520, debía ser posteriormente coronado por el Papa en la basílica de San Pedro de Roma, como era preceptivo. Sin embargo, las diferencias entre Carlos I y Clemente VII, que había apoyado a Francia y que llevaron al Saco de Roma en mayo de 1527, retrasaron dicha coronación papal hasta que se firmó una paz (relativa) entre ambos (Tratado de Barcelona, en 1529).

El Saco (o saqueo) de Roma por parte de las tropas reales supuso violaciones, asaltos a iglesias y palacios, robos de joyas y obras de arte, ajusticiamiento de cardenales y otros miembros del clero e, incluso, el rapto del Papa que debió permanecer en el Castillo de Sant´Angelo en un episodio que dio lugar a uno de los hechos de armas más conocidos de la Guardia Suiza, ya que prácticamente murieron todos sus componentes tratando de defender la integridad del Papa, y es por lo que, en recuerdo de dicho acto, siguen siendo actualmente la guardia de honor de los Papas.

 

Clemente VII aceptó a coronar a Carlos I pero con la condición de no hacerlo en Roma, donde aún estaba muy reciente el recuerdo del Saco; en su lugar, se eligió la ciudad de Bolonia que se engalanó para la fiesta tratando de hacerla parecerse lo más posible a Roma, construyendo arcos triunfales, levantando estatuas de emperadores romanos, haciendo que la iglesia de San Petronio se pareciese a la Basílica de San Pedro construyendo un altar similar al de esta, etc.

La coronación debía ser recordada para siempre y, para darle mayor esplendor, si cabe, Carlos decidió que se celebrase el día de su trigésimo cumpleaños, el 24 de febrero de 1530, coincidiendo también con el quinto aniversario de su victoria en la batalla de Pavía. En realidad, dos días antes ya fue coronado como Rey de los Borgoñones y Clemente VII le había impuesto la Corona de Hierro de los lombardos, llamada así porque, aunque era de oro, tenía un reborde de hierro que estaba hecho con uno de los clavos de la crucifixión de Cristo; pero esta coronación se llevó a cabo en “petit comité” para no restar ni un ápice de importancia a la auténtica coronación como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

El 24 de febrero de 1530 Bolonia, engalanada para la ocasión con todo tipo de motivos alegóricos, era un hervidero de gentes venidas de todas partes para participar en la fiesta. La comitiva estaba compuesta por las más altas autoridades locales, tropas llegadas de todos los lugares del imperio, condes, virreyes, cardenales y otras autoridades eclesiásticas, el séquito papal y, por supuesto, Carlos I bajo palio, precedido de los duques de Saboya, Urbino y Babiera junto al marqués de Monferrato llevando la corona de oro, la espada, el orbe y el cetro del Emperador y, atrás, el Conde de Nassau sosteniendo el manto real. Para hacer más espectacular la entrada triunfal, se había construido una pasarela elevada por encima de la multitud; se cuenta que, una vez habían efectuado ya Carlos I y Clemente VII su entrada en San Petronio, esta pasarela se hundió, causando numerosos heridos y hasta tres muertos entre los espectadores. La fiesta, no obstante, con comida, bebida y espectáculos de todo tipo gratuitos para el pueblo, se prolongó por espacio de varios días.

En el Museo de Santa Cruz podemos ver un óleo sobre lienzo de Juan de la Corte (h. 1585 – h. 1662) y un grabado en papel de Frans Hohenberg (Malinas, h. 1540 – Colonia h. 1590), titulados “Cabalgata de la coronación imperial de Carlos V en Bolonia el 24 de febrero de 1530” y “Cortejo de la coronación imperial de Carlos V en Bolonia el 24 de febrero de 1530”, respectivamente, junto a una pintura sobre tabla con el “Retrato del Emperador Maximiliano”, anónimo de finales del s. XV o principios del XVI, y un “Retrato del Emperador Carlos V”, anónimo del s. XVI, también un óleo sobre tabla, ambos de factura flamenca.

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